#1: Barbenheimer

O el marketing de dos películas que se vendieron juntas, y parecen haber encontrado la fórmula del éxito. 

Las repercusiones de la pandemia fueron varias. Una de ellas, la más vinculada a la industria del cine, es la baja venta de entradas y el impacto que esto genera. La costumbre de ver películas en casa (pararlas cuando se quiere, ver cuánto falta, no tener que necesariamente gastar dinero en salir) ha hecho que la taquilla se viera afectada directamente. 

La industria parece haber encontrado la respuesta a esta crisis, creando la fórmula del éxito: estrenar dos películas de gran presupuesto, de estudios diferentes, con estreno en simultáneo y en plenas vacaciones de verano. La estrategia de Marketing venció y convirtió el pasado fin de semana en el de mayor venta de entradas de todo el año e incluso batió récords de taquilla pospandemia. No está nada mal enfrentar dos películas dirigidas a dos  tipos de públicos diferentes, supuestamente en competencia por la taquilla, que terminan vendiéndose como un combo de doble función. 

Así fue el estreno de Barbenheimer el pasado fin de semana. Oppenheimer, la película de Christopher Nolan (de Universal) fue la más vendida considerando sus parámetros de restricciones de edad y género; y Barbie dirigida por Greta Gerwig (de Mattel, distribuida por Warner) se convirtió en el estreno más taquillero del año, y de la historia del cine dirigido por mujeres. 

Más allá de la estrategia de Marketing y de los números, hablemos de las películas.

Empecemos por el biopic. Oppenheimer, dirigida por Christopher Nolan, es un drama-thriller que cuenta el camino de este científico, el “padre de la bomba atómica”, en la creación de esta arma nuclear y el dilema moral que implicó para él. 

Nolan cuenta esta historia desde dos puntos de vista, con diferente propuesta estética (uno blanco y negro y otro a color). Dos caras de una moneda: la mirada de Oppenheimer (Cillian Murphy) y quien lo denuncia (Lewis Strauss representado por un Robert Downey Junior que vuelve a la actuación luego de Iron Man) por su rol en la creación de una bomba que cambió la historia y su vinculación al Partido Comunista.

El cambio entre un tiempo y el otro está logrado con destreza; hasta se permite hacer insertos temporales y proyecciones de la imaginación del protagonista en uno de ellos. Es realmente para reconocer el trabajo de su montajista, Jennifer Lame, por la hazaña de viajar entre esos tiempos sin confundir al espectador. Lo que no significa que esta alteración temporal no canse luego de tres horas de cinta (sí, esta vez es cinta porque se filmó el 70mm y tenemos la posibilidad de verla en 35 mm.).

En una de las tantas entrevistas al equipo artístico de la película, Matt Damon cuenta que el guion que le había entregado Nolan estaba escrito en primera persona, y esto tenía un motivo claro (y la película lo sostiene en su realización): toda la película iba a recaer sobre los hombros de Oppenheimer. En ese punto de vista a color, estamos con este científico que tiene pesadillas, que sueña con partículas y explosiones, que tiene dudas y vive presiones políticas y éticas, por el poder potencial y real que tiene su invención. Después de todo, Oppenheimer (se) plantea la cuestión moral de su complicidad en inventar el arma que ‘terminaría la guerra’ a costa de más muertes. 

La película entrega lo que se propone; no falla. La cuestión moral es trasladada al espectador que sale de la sala preguntándose por ese pasado que, quizá muchos no llegamos a vivir, pero sí es un posible futuro que hoy no suena tan disparatado. El invento, y el horror que puede crear, siguen estando en manos de seres humanos. 

Y luego de esta película oscura, atómica y un tanto agotadora, es momento de hablar del rosa Barbie. Que quizá agota, pero en otros sentidos, y definitivamente nos reímos más. Me pregunto cómo les habrá ido a los que hicieron #Barbenheimer en el mismo día. 

Barbie es una chica de plástico que tiene problemas existenciales de humana. Cuando empieza a tener ideas sobre la muerte, y su cuerpo deja de ser ‘perfecto’ (se cae, tiene celulitis…), es momento de ir al mundo real para que las cosas no cambien y vuelvan a ser como siempre. Lo que no esperaba es que a partir de ese contacto con el mundo real, no solamente ella conocería que el efecto Barbie en ese mundo no es como pensaba (las Barbies creen que gracias a Barbieland el mundo es perfecto). Si no que su propio mundo perfecto se altera, gracias a que quien no tenía voz ni voto hasta entonces ahora consigue tenerlo: Ken. 

Esta película, producida por Mattel, empresa que creó esta muñeca tan popular en 1959, y dirigida por Greta Gerwig (no por casualidad menciono primero quien produce y luego a su directora), intenta cambiar la historia (no la ficticia, la real). Convence, a sus espectadores, que dicha muñeca es símbolo de diversidad y de poder femenino y lo hace a través de una Barbie estereotípica que no tiene rol asignado en el propio mundo del que es parte. 

Gerwig, quien viene de dirigir cine independiente estadounidense, se pone al servicio de una historia sobre esta muñeca que ha marcado generaciones y que tiene que ajustarse al discurso actual - sobre todo si quiere llevar mucho público al cine -. Y aclaro sus orígenes, porque a lo largo de la película se siente la tensión entre su punto de vista más autoral y lograr una película mainstream. Después de todo, está marcando sus pasos para ser parte de la industria (va a dirigir las próximas películas de la saga Narnia).

Barbie consigue varias cosas de las que se propone: es una comedia con un humor eficiente e incuestionable, casi todos sus momentos dramáticos funcionan y se termina entendiendo el mensaje (muy subrayado y digerido para el espectador que es un poco más crítico; claro para las nuevas generaciones que son el principal nicho de la película). 

Ambas películas, si bien diferentes, lograron marcar la taquilla de este año. Probablemente, la primera ayudada por la segunda; pero es indiscutible que el plan funcionó. Después de todo, el cine es una industria y las películas tienen que vender entradas. Y es inevitable pensar en qué hubiera pasado si estas películas se hubieran estrenado en fechas diferentes.

Me gusta pensar que, como se ha dicho, el que ganó fue el cine; estas cifras en ventas de entradas, impactan en la industria de forma positiva. Y es importante que haya sido con dos películas que no pertenecen a sagas, que son películas de contenido original. 

Lista de la semana

Letterboxd le hizo una entrevista a Greta Gerwig a propósito de las película que fueron influencias de Barbie. Aquí la lista.

Viaje en el tiempo

Hace unos días tuve la posibilidad de ver Dead Poets Society (La sociedad de los poetas muertos) en el cine. Recomiendo volver a verla. Está en Star+.

Ciclo temático

MUBI subió la apuesta e hizo un ciclo llamado: Not so Barbie (no tan Barbie), que vale la pena chequear. Recomendación personal: Shiva Baby

Para tu lado nerd


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